Señales inquietantes y límite de poder



Señales inquietantes y límite de poder

La Constitución es el mandato supremo de un pueblo. En ella se establecen las reglas de juego para un régimen democrático y los límites del poder. Las más inquietantes señales desde el manejo del poder es ignorar los mandatos en ella consagrados.

Inquieta cuando se ve doblegar a medios tradicionales de comunicación, abusando de los mecanismos del poder. Lo mismo ocurre cuando a un suplidor del Estado se le advierte que su simpatía política le cierra o le puede abrir las puertas del mercado oficial, siendo el Estado quien tiene mayor capacidad de compra por tener el más grande presupuesto anual.

Peor mordaza constituye que a un responsable de familia se le advierta directa o indirectamente que su salario mensual puede ser afectado conforme a su simpatía.

Tan dañino como lo anterior para un régimen democrático es que un funcionario del más alto nivel palaciego advierta que tiene la capacidad de sesgar la moral de su adversario político con sólo fabricarle un expediente. Aquellos que tienen faltas (colas) se arrinconan, los que no, se sienten desafiados y aceptan el reto.

Sobre esto último, el país presencia cómo quien está llamado a perseguir el crimen, trató de asesinar la moral de una juez altamente respetada y valorada, en presencia del mismo Presidente y exhibido en la TV. La arrogancia, el uso de medios ilegales y su ilimitado uso de la función que desempeña, indignó al país.

El descontrol sobre el comportamiento de altos funcionarios, amerita la atención del Presidente. Quien quiera creer que eso no importa, que observe la inquietante reacción, muchas veces silenciosa, de muchos sectores diversos del país.

Todo se va progresivamente sumando al interés manifiesto del Presidente de permanecer en el poder, violentando los límites constitucionales. Confieso cierta aprehensión porque cuando una sociedad se va recogiendo, para no verse en conflictos o por temor, termina desbordándose como las aguas de un río, cuyos afluentes se ven recargados de agua por pertinaz y copiosas lluvias.

El cúmulo de señales inquietantes desbordan, al igual que un río, a una población. Con el agravante de que los primeros progresivamente afectados, son los más cercanos; los que se encuentran organizados en la estructura que sirve de sostén al mismo poder.

El ser humano es sensible y reacciona de forma impredecible ante un exceso, por ser víctima o sentirse como tal ante una injusticia. Los de mayor temple reaccionan primero, pero luego todos se suman.

Sostener un gobierno que desde sus litorales más importantes se dan señales inquietantes, va sembrando la percepción de que el régimen democrático se va afectando. Luego, cuando sea tarde, ni los que quieran sostener un mandato de gobierno con esas características, podrán defender.

Estas señales inquietantes sólo las puede detener el Presidente Medina, adoptando decisiones que coloquen las cosas en su lugar. Por más aprecio que se le pueda tener al Procurador por haber sido hijastro del recordado amigo, cercano colaborador y primo del profesor Bosch, Arquitecto Rafael (Papi) Calventi Gaviño, no se merece permanecer en su cargo.

El Presidente debe cuidar que otros funcionarios importantes se recojan o sean sacados de sus funciones.

De mi parte, no voy a callar, aún manipulando mi imagen, sino hasta ver desaparecer tantas señales inquietantes contra los derechos y la democracia.





Fuente: http://pld.org.do